Bien lo dice el apóstol Pablo en la segunda carta a los corintios, en su capítulo 3 y versículo 18:
"Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu".
No será algo que ocurrirá de forma instantánea, pues es un proceso de toda la vida, pero que inicia aquí y ahora, desde el mismo momento en que permitimos a Dios realizar su parte.
Para esto, Dios no nos deja solos ni sin ayuda. Por el contrario, pone a nuestra disposición las herramientas que necesitamos y nos rodea de personas que nos ayuden y guíen, y que a su vez nosotros mismos podamos ayudar a otros a crecer y de esa manera "todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo" (esto lo dice el apóstol Pablo en Efesios 2:13).
Aquí y ahora somos alcanzados por la gracia de Dios, siendo moldeados y capacitados por el Espíritu Santo para recibir la sanidad que nuestra vida necesita y comenzar a crecer hasta llegar a ser conformados a la imagen de Cristo, nuestro gran maestro.
Ahora, la decisión es tuya.

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